 No hace muchos años BMW tenía una política interna que hacía que ninguna de sus motos superase los 100 caballos de potencia. Esto parece impensable viendo los 163 caballos que tiene la moto que hoy probamos, la K 1200 R Sport.
 Este modelo de posición de conducción cómoda, manillar alto y semicarenado delantero se posiciona como una moto muy rutera, en la que hacer kilómetros se convierte en todo un placer, y más si llevamos en el equipamiento opcional la suspensión adaptativa neumática, en la que podremos modular la dureza con los programas sport, normal o confort dependiendo del momento. Para el uso diario, la baja altura del asiento y el reducido tamaño para tratarse de una 1.200, hacen que se mueva con mucha soltura en ciudad.
 El motor cuatro cilindros lo comparte con su hermana la K 1200 R, que tiene el honor de ser la moto “naked” más potente de la historia. Éste es una auténtica maravilla, ya que gracias a sus 127 Nm de par, siempre responde a las órdenes del acelerador, independientemente de la marcha en la que estemos circulando. En la zona baja del cuentarrevoluciones funciona con suavidad y dulzura, pero si estrujamos un poco el puño derecho, los 163 caballos entran como una inyección de vitaminas, haciendo que pasemos de 0 a 100 kilómetros por hora en tan solo 2,6 segundos, una cifra reservada normalmente a las motos más potentes y deportivas del mercado.
 El chasis de aluminio y el motor autoportante se complementan a la perfección con la horquilla Duolever delantera, formando un conjunto de un aplomo y una eficacia inmejorable cuando trazamos las curvas.
Los 15.750 euros que cuesta la sitúan un poco por encima de sus posibles competidoras, aunque ya se sabe que las BMW tienen un precio que las diferencian por completo del resto de modelos de otras marcas. A pesar de ello la K 1200 R Sport es una moto muy recomendable para gente con cierta experiencia en el mundo de las dos ruedas y que tengan ganas de devorar kilómetros y kilómetros en una de las motos más cómodas y atractivas.

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